Posteado por: sergiotrabucco | marzo 14, 2009

FIRMA DEL CONVENIO ENTRE LAS CINEMATECAS DE CHILE Y CUBA


Omar gonzáles entrega a la Presidenta Bachelet un lata de película, como simbolo del acto.

Dscurso de Omar Gonzáles, Presidente del ICAIC

Excelentísima Señora Michelle Bachelet Jeria, Presidenta de la  hermana República de Chile,Ilustres miembros de la delegación que la acompañan,Compañero Abel Prieto Jiménez, ministro de Cultura de la República de Cuba, Invitados e invitadas,Cineastas chilenos y cubanos,

Amigas y amigos todos:

 

Este es un momento difícilmente equiparable a otros vividos en la historia del cine latinoamericano. Posee una connotación simbólica realmente paradigmática y aleccionadora, de cara al futuro. Y es que ocurre también en esta casa del cine y la memoria.

Al rubricar los ministros de Cultura de Chile y de Cuba el Convenio de Cooperación entre la Fundación Centro Cultural Palacio de la Moneda-Cineteca Nacional de Chile y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos–Cinemateca de Cuba, se oficializa el esperado retorno a su lugar de origen o de natural conservación de decenas de filmes realizados por los cineastas chilenos durante los años de apogeo cultural del gobierno de la Unidad Popular y en los tiempos aciagos de la dictadura fascista de Augusto Pinochet. Materiales que Cuba custodió, aún en medio de difíciles condiciones materiales y económicas, y que devuelve ahora con la satisfacción de que retornan a las manos de sus creadores y a las instituciones que los arroparán con el celo que se confiere a los asuntos sagrados de la identidad.

En una circunstancia tan singular como ésta, los cineastas cubanos hemos querido ir más allá de todo pensamiento parcelario, y compartir con nuestros pares chilenos no ya lo que les pertenece por derecho propio, sino el fondo general que existe en el ICAIC de imágenes relacionadas con el hermano país, en las que hayamos intervenido conjuntamente o que estén depositadas acá. Cuba no se deshace de este patrimonio, que también le pertenece, sino que lo duplica y comparte, de tal manera que, en un futuro próximo, ambas naciones contarán con una reserva idéntica, conservada en soportes originales, y estructurada a partir de todos los filmes en que hayan intervenido realizadores de ambos países, o que, de común acuerdo, hayan reflejado asuntos que les son no menos afines. Esto le confiere a esta acción un carácter excepcional, en tanto constituye un modelo de cooperación entre dos países, que se ayudan e interactúan no sólo cuando la realidad es dramática y así lo aconseja, sino cuando, en situaciones completamente diferentes, también lo necesitan. La solidaridad es el común denominador de ambos momentos.

Asistimos, en fin, a un acto que se inscribe en la mejor tradición de los ideales humanistas y emancipadores que ha enarbolado el Nuevo Cine Latinoamericano, desde los días luminosos y fundacionales de Viña del Mar, en 1967.

Acerca de aquel momento primigenio, Alfredo Guevara, aquí presente, expresó: “Allí el encuentro se hizo unidad porque nos descubrimos ya para siempre diversos; y ya para siempre, uno. Esa fue la experiencia definitiva, aquella en que dejamos de ser cineastas independientes o de las márgenes, experimentales, buscadores, promesas o aficionados, para descubrirnos lo que ya éramos sin saberlo: un Nuevo Cine; el Movimiento”. Allí y así comenzó todo, con el esplendor de la sencillez y la grandeza de lo que, ya desde la poesía de su origen, sería inolvidable.

Durante el gobierno del entrañable Salvador Allende, los realizadores chilenos se nuclearon alrededor del Manifiesto de los Cineastas de la Unidad Popular, que redactara, en 1971, nuestro querido Miguel Littin                -también entre nosotros hoy–, y declararon “su compromiso con el fenómeno político y social de su pueblo, con su gran tarea: la construcción del socialismo”, y subrayaron “que el cine chileno, por imperativo histórico, deberá ser un arte revolucionario.” Técnicos y cineastas cubanos colaboraron con tan nobles propósitos, y en la pantalla se vieron los resultados de una labor mancomunada, obra de la fraternidad y del apego irrestricto a los rigores del arte.

Más tarde, fieles a sus ideas, y ante la censura asfixiante de la dictadura, la persecución y los crímenes, muchos cineastas que determinaban la renovación del cine nacional chileno marcharon a un exilio obligatorio. Desde allí, desde acá, realizaron sus obras, a veces entrando clandestinamente al país; otras, fundidos en equipos multinacionales, donde se intercambiaban culturas, identidades, referentes y públicos diversos, que de algún modo también aportaron lo suyo al caudal del Nuevo Cine Latinoamericano.

En Cuba realizaron sus obras, o parte de ellas,  Pedro Chaskell, Patricio Guzmán, Patricio y Sergio Castilla, entre otros que, como Sergio Trabucco y el propio Miguel Littin, forman parte del Consejo Superior de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericana, a la que se subordina la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, donde ha continuado ininterrumpidamente la formación de jóvenes cineastas chilenos durante los últimos veinte años. También hubo varios realizadores cubanos que incorporaron a sus filmes temáticas de índole chilena, entre los que sobresalen Cantata de Chile, de Humberto Solas, y los documentales El tigre saltó y mató pero morirá, morirá y Cómo, porqué y para qué se asesina a un general, ambos de Santiago Álvarez.

Por eso hoy sentimos una gran satisfacción al poder entregarles con el interpositivo de Una foto recorre el mundo –emblemático documental que Pedro Chaskell dedicara al Che Guevara y produjera en Cuba–, la dimensión simbólica de otros 83 títulos –que podrán ampliarse a 95 en los próximos días–; todos ellos relacionados con nuestro fondo de imágenes copatrimoniales.

Este proceso tendrá que ser necesariamente escalonado, y una vez concluido, como hemos dicho, ambas partes tendremos lo mismo y en perfecto estado técnico.

En nombre de los cineastas cubanos, de los hombres y mujeres de la cultura y de las autoridades de nuestro Estado y Gobierno aquí presentes, agradezco la oportunidad de que este acto haya tenido lugar al amparo de la visita que, en el contexto de la Feria Internacional del Libro de La Habana,  realiza a Cuba Su Excelencia, la Presidenta de Chile.

Sabíamos de su interés por las películas de animación cubanas y, en general, por nuestra cinematografía; de ahí que, al compartir con Chile esta parte de su patrimonio fílmico, lo hagamos también con la persona que ya nos conoce y también nos aprecia, con quien vivió en carne propia los horrores de la represión y del exilio, y sabe de Cuba y de su dignidad.

Gracias por la confianza, y gracias a quienes están aquí y fundaron nuestra hermandad también en el cine.

 

La Habana, 11 de febrero de 2009

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